Voyerismo del arte y Susan Sontag
El arte es un espacio en el que las individualidades se
encuentran con las miradas ajenas de un grupo desconocido. La distancia
que los separa está constituida por un sinfín de códigos lingüísticos y
culturales que complican una comprensión total de sus modos, así como de
sus verdaderas intensiones de acción. Sin embargo, estos
motivos no son suficientes para lograr que las personas, escapen de querer ser entendidos,
ni de querer entender, pues para el ser humano es esencial participar de un
conjunto e identificarse con este a través de su comprensión. Así sucede con el
arte.
Para percibir una obra partirán de lo que conocen, de sus
propios sentidos, y aunque las apariencias sean su primer punto de
evaluación, su curiosidad y necesidad de acertar el todo los llevara a
interpretar un contenido, analizando forma y fondo, la erótica del arte a
la que se refiere Susan Sontag en Contra la Interpretación. Pero quedarse
en la superficie, gratificarse y satisfacerse sólo de lo directamente
deducible, implicaría simple voyerismo. Un voyerismo del arte. Aunque
exista un vocabulario de las formas, estás siempre se van a referir a un
contenido. Querer establecer unas normas distanciadas del concepto de la obra, para aproximarse al arte, constituiría una de las peores maneras de ansiar categorizarla
y etiquetarla. En tal caso, sería abandonarla. El arte funciona como una extensión
de los sentidos y no al contrario, por eso aquel que trate de
omprenderlo, verá sólo lo que sus sentidos lo dejan ver. Sentidos que están bañados en experiencias,
conflictos, carencias y necesidades y que evidentemente condicionaran
dicha interpretación.
Tanto el autor como el público forman parte de un universo
y un contexto que puede ser compartido o no. Lo único que se puede afirmar
es que ha sido influenciado por este determinando lo qué expresa y cómo
comprende lo que observa. Así es como se generan los espíritus de las
épocas, con referentes que suceden alrededor de los que crean. Que aunque
muchas veces no sean conscientes de que los condicionan, lo cierto es que
son bombardeados por ese mundo. Reflejando cosas que los reflejan y
que el que observa trata de definir y conocer. Los
que interpretan saben que una obra de arte no puede ser separada de su contenido
porque fue hecho a partir de él. Por eso, para conseguir la
significación original, lo que realmente es y quiere ser, parte de la
necesidad de evaluar dicho
contenido. Son justamente las formas y el “desgaje de la
totalidad de la obra en un conjunto de elementos” al que se refiere Sontag, lo que permite acercarse al verdadero
significado de lo que se quería expresar.
Por estas razones, no sorprende que una película como Cabaret fuese galardonada
con un Oscar, en 1972, por su dirección artística. En ella, los elementos artísticos
estuvieron conjugados en su totalidad con el lenguaje cinematográfico, el trabajo
de actuación y, sobre todo, los elementos de fotografía. Mostrándoles a las personas
el arte de servir con el cuerpo, de vivir en una sociedad en decadencia, que aunque no se muestre con representaciones chocantes, su escenografía,
particularmente, la imita con mucha claridad.
De la misma manera sucede con una de las grandes obras del
teatro musical, The Rocky Horror Picture Show. En la que
la dirección creativa se olvida de lo despampanante y se esconde en la
realidad planteada con oscura belleza y apreciación del gore fantástico
dentro de la diégesis de la película. Aspectos necesarios para hacerle
entender a las masas el sentido de protesta, liberación y revolución sexual que se quiere transmitir. Usando al arte como un elemento que no quiere atraer al espectador
por ser correctamente estético, sino que quiere hacerlo consciente del
proceso de cambio social que está ocurriendo, así le sea
perturbador.
· El trabajo de la dirección de arte, no busca más que ayudar
a la comprensión de la totalidad significante. Funciona como una
aplicación de la Gestalt en la que “el todo es la suma de las partes” y
cuyos dominadores poseen conocimientos amplios sobre representación,
forma, color, semiótica, composición, etc. Logrando, más que completar un
sentido, hacer de este algo más comprensible, permitiendo ampliar con detalles la visión original y exponiéndola lo más directamente posible sin ser descubierta por el que la observa, casi guiando la mirada. Por eso debe ser transparente
en todas sus formas, sin absorber o superar a la pieza original para poder
pasar por desapercibida, gracias a su conocimiento del
contenido, siendo parte de él, o siendo él contenido en sí mismo.
Un ejemplo de cómo el arte se convierte en el responsable
de la imagen, asumiendo el control campo estético y creativo son los
primeros minutos de la última película de Lars Von Trier, Melancholía. Son
una expresión onírica que viene a imitar los síntomas del carácter
depresivo de su protagonista y que además sintetizan, con un gran
espectáculo visual, la línea narrativa de la obra. Determinando desde un comienzo
su velocidad, colores, y principales situaciones. Se podría asegurar, que es el
único momento de la película en el que el arte se convierte en el significante, habiendo
absorbido de tal manera el contenido del mensaje, que lo convierte en el centro
de las interpretaciones a la hora de estudiar el largometraje.
Aunque para la autora “en el cine siempre hay algo que
atrapar al vuelo, además del contenido, para aquellos deseosos de
analizar”, refiriéndose al lenguaje cinematográfico, esto no implica que
no se esté interpretando de igual modo el contenido. Parte importante del
cine es complementar la visión original de lo que se quiere transmitir con
un montaje analítico en el que los planos y la construcción de las
imágenes detallen las partes de una escena, evidenciando la importancia de la composición
artística y del significado que tenga cada objeto, para poder hablar a través
de ellos.
Es así como se construye una obra inteligible en apariencia, teniendo conocimiento
de su significado. Teniendo esto en cuenta, la dirección de arte se puede convertir
en algo totalmente impecable y transparente, como es en el caso de la autora
y de su entorno que plantea en el film se aprecia en la limpieza con
la que la escenografía, los colores y la utilería parece nunca haber sido
manipulada para la realización de una película. Elementos
que le dan una dimensión y profundidad únicas a
las cintas.
Tal como expresa Sontag, el arte no busca ser
justificado. El hombre lo justifica para aproximarse más a él.
Nadie desea quedarse detrás de la mirada, el arte es algo demasiado público como para no esperar críticas e interpretaciones y demasiado
sensible para no suscitar otras visiones. Al ser parte de las masas, el arte no
tiene por qué ser defendido de ella, en tal caso, cualquier nueva perspectiva o interpretación
enriquece más la obra, no la daña, ni la altera. Pues lo que es, ya está expresado,
más allá de las traducciones que realicen otros.
Sin embargo, no todas las personas se
satisfacen con lograr su conexión individual
e intelectual con la obra. Y son verdaderamente estos los que buscan alterarla y remplazarla con otros contenidos, queriendo descubrir en ella un significado
absoluto y verdadero que sea compartido por todas las personas. Un trabajo
realizado en falso, tomando en cuenta que dicha afirmación será cuestionada por
otras interpretaciones.
Más que rescatar el proceso de interpretación, porque este
siempre ha estado y va a estar, es necesario enriquecerlo. No debe
importar que se devane una obra en búsqueda de significados, porque eso es
lo que la hace atractiva, lo esencial es que la dirección de arte esté preparada para ser expuesta y criticada por las masas, realizando
un trabajo lo más cercano al contenido de la obra, para que sus partes sean: lo
que la obra es y lo que la obra quiera ser.
Si los muchos significados no significaran nada, la
ausencia de este podría significar muchas cosas. Propiciando nuevas
interpretaciones, una ansiedad a la que el ser humano nunca podrá escapar. Con
un buen trabajo de arte, la forma estará lista para ser el centro de atención y la víctima de la modernidad “reaccionaria, impertinente,
cobarde y asfixiante” que necesita de los subtextos, pues también es contenido.
Haciendo posible un voyerismo del arte
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