La figura del pícaro en Venezuela: ¿De dónde viene?
Desde una primera mirada al libro La Picardía del venezolano de Axel Capriles, se plantea la idea de la figura del pícaro, personaje popular dentro de las culturas latinas e hispanoamericanas, como un producto histórico. Este ha ganado preponderancia y reconocimiento dentro de estas culturas a lo largo de los años, ya sea con connotaciones positivas o negativas.Para algunas de ellas, como la mexica u hondureña, el pícaro tiene características de embaucador, tramposo o engañador. Pero, en Venezuela, “es una figura contumaz que está detrás de nuestra particular manera de vivir en los límites de la transgresión, de nuestro rechazo a las normas y leyes abstractas, de nuestra informalidad y refrescante flexibilidad…”. Es ser “el pilas”, “el vivo”, “el que se la sabe todas, más una”.
Esta viveza característica del pícaro esta presente cada vez que el venezolano sale a la calle a realizar trámites administrativos, conducir o hacer una cola, y que parece tener un efecto contagioso. Y es que ser pícaro en un país como Venezuela no es una opción, es una forma de sobrevivir a nuestra caótica realidad. Así lo expresa Capriles: “la astucia y la viveza son nuestros principales órganos de adaptación, facultades necesarias para sobrevivir en el país, los atributos más útiles para escalar posiciones y alcanzar preeminencia social”.
También expresa Capriles: “la viveza no es un antojo, es una necesidad”. Necesidad que surge como consecuencia de un Estado rico, poderoso e ineficiente “que ha limitado y regulado excesivamente la vida individual”. En consecuencia, el venezolano ha desarrollado las vías para evadir la burocracia y las normas. El seguirlas resulta ser, simplemente,demasiado “tedioso o complicado”. Estas actitudes individualistas y fuera de orden han llevado a generar la anarquía en la que vivimos en la actualidad.
Para comprender a fondo esta figura pícara de la que se nos habla, es necesario echar una mirada a la evolución de este personaje a lo largo de la historia.Para ello, Capriles cita varios autores expertos en el tema. Uno de ellos es el escritor, costumbrista, historiador y político venezolano Francisco Tosta García quien, en su obra Memorias de un vividor, plasma las características del pícaro político venezolano y plantea las diferencias entre este último y las del pícaro español. Un pícaro en España era considerado un “fracasado y accidentado sobreviviente” que llego a las colonias españolas; en Venezuela, el pícaro político es lo contrario: adaptado y exitoso. Gracias a su permanente acomodo, a sus engaños, argucias y trucos logra mejorar su estatus, ascender y mantenerse siempre en la superficie hasta convertirse en un personaje aceptado y admirado de manera general.
Otro autor consultado fue Francisco de Sales Pérez (costumbrista del siglo XIX y principios del XX) quién describe a un personaje típico y natural de Caracas que “pasa su vida entera a costa de los demás”. Es el personaje que él llama “El Petardista”: persona impulsiva, vagabunda, falsa, sobreviviente, que no soporta una vida ordenada ni las normas o las regulaciones. Este petardista experimenta “la incertidumbre de vivir lo eventual y lo sorpresivo”.
El héroe y el antihéroe
En el capítulo II el autor plantea ideas referidas a la figura del héroe y el antihéroe. Expone al héroe como parte de la mitología y del folklore: “un mito fundamental remitido a hechos gloriosos y hazañas ilustres, a virtudes e ideales elevados, capaz de lograr grandes actos y hechos memorables, retos y acciones valerosas e insuperables”.
Este impulso por destacar por encima de los otros existe en diferentes grados en cada uno de los individuos integrantes de una sociedad, lo cual ha generado un mal social, basado en el individualismo, que resulta perjudicial para la el grupo en general. Este hecho es conocido como el efecto de composición: lo que resulta provechoso para uno se torna perjudicial al repetirlos muchos. Al respecto, Capriles señala que “el héroe personifica el impulso individualista del ser humano, la necesidad particular de distinguirse, de sobresalir, de ganar renombre y honra”. Estas características heroicas terminan por afectar la vida social, acabar con la cooperación entre los miembros del grupo y el “compromiso cívico”.
Ante estas perspectivas, el autor plantea la apreciación de la figura del Héroe desde dos puntos de vista: el primero como “el protagonista de la expansión y evolución de la consciencia”, el actor principal de la obra, y el segundo “como un germen patógeno para el desarrollo de sus congéneres ya que su personalidad narcisista, totalmente poseída por sus ideales subjetivos, absolutamente convencida de la veracidad de su visión revolucionaria, centrada en si misma y dirigida por una férrea voluntad, choca necesariamente con las exigencias de la vida en grupo, con las concesiones y compromisos indispensables para la convivencia social. Es un Obstáculo para la participación, el consenso y los logros de equipo. El héroe es una deformación de la pulsión individualista que lleva a posiciones personales inflexibles, actitudes rígidas y obstinadas, es un guerrero brutal”
Ese individualismo que caracteriza al héroe es uno de los principales peligros para desarrollo equilibrado de la personalidad y de la sociedad. Cuando se siente especial admiración por un héroe en particular se produce, según Max Weber, una dominación carismática, la cual Capriles califica de “irracional y antieconómica”. En esta dominación carismática surge de la identificación proyectiva, es decir por afinidad con los contenidos de la propia personalidad que se encuentran en el otro. “Las personas, consumidas en una vida común y corriente, proyectan en el líder narcisista al héroe dormido que lleva por dentro”.
Así, este líder depositario de admiración, se convierte en el representante de todos aquellos incapaces de lograr sus objetivos por sí mismo, por lo que “viven a través del carisma del dirigente, se enamoran y se identifican con él”. En el momento en que esto ocurre, este “héroe” se vuelve objeto de culto y la irracionalidad aparece en escena. Esto facilita la manipulación de las masas por parte de este líder, por lo que el autor expresa la necesidad urgente de protegernos de la fascinación por el héroe.
Tras una descripción de la figura del héroe, el autor hace una comparación con la figura del pícaro: son los polos opuestos de nuestra sociedad; el héroe remite códigos de honor, dignidad, gestas valerosas e ideales excelsos mientras que el pícaro se hunde en la miseria, en el engaño, en la mentira y la deshonra. El pícaro es la antítesis (antihéroe) del héroe sin embargo según axel Capriles ambos personajes conviven en nuestra alma y saltamos de uno a otro con gran facilidad.
La astucia y la viveza han sido recurrentemente señaladas como rasgos distintivos del carácter social de los venezolanos. Tanto es así, que hasta en el folklore venezolano se distingues historias con personajes que son una manifestación de la máxima expresión del individualismo asocial, personajes que violan todas las normas existentes, que se burlan de los demás, que rompen con los valores del grupo e imponen sus propios deseos y necesidades. Las historias de Tío Conejo, por ejemplo, “son la viva representación de uno de los arquetipos del inconsciente colectivo, sintetiza una psicología de supervivencia, una forma de adaptación, sólo aspira a subsistir, para satisfacer las necesidades básicas se busca la salida fácil, su manera natural de remediar la necesidad se limita a la treta y al engaño sin medir sus consecuencias a largo plazo”, señala Capriles en este apartado.
A través de la lectura del capítulo III se evidencia el recuento que hace el autor con respecto a la entrada de la figura del pícaro a la escena literaria española. “La vida de los pícaros ocupará, entonces, la materia literaria” entre los siglos XV y XVI. Las características de la imagen del pícaro que se refleja en estas narrativas es la de “…personas despreocupadas y sin escrúpulos que prefieren la ganancia rápida al trabajo hacendoso, individuos dados al engaño, trucos e ingeniosas tretas que muchas veces se revierte contra ellos”. Presentacomo ejemplo de este género literario la obra denominada “El Lazarillo de Torbes”, la cual, publicada en 1554, describe la vida de un joven de origen pobre, que atraviesa todo tipo de dificultades y trabaja para muchos burgueses de los que aprende todo tipo de mañas y habilidades. Para no morir de hambre, o para ascender socialmente, se ve envuelto en embelecos, hurtos y estafas. “Indiscutiblemente era un reflejo de la realidad social de la época”, señala Capriles.
La picaresca como género literario es, sin lugar a dudas, un rasgo fundamental de la literatura española, a pesar de su surgimiento en otros países como Francia, Inglaterra, Alemania.
El autor plantea el surgimiento de este género picaresco como la antítesis de otro género literario que tuvo mucha importancia en la España del siglo XVI: la caballería. En el que sus personajes representaban la figura del héroe, con espíritu y fuerza inquebrantable, religioso y perfecto representante de la nobleza. Como ejemplo, la Obra denominada Amadís de Gauna. Indiscutiblemente todas estas características resultan totalmente opuestas a las presentadas por el género picaresco. Así, el autor define a los personajes de caballería como los héroes y a los de la picaresca como antihéroes.
Capriles señala al respecto: “el ideal de caballero, para la época, ya no respondía a las necesidades más profundas del proceso de individualización de la gente, se había perdido toda mística y conexión con la realidad interna de las personas, la falta de dinamismo y de integridad de valores colectivos y la intolerancia que se desarrolla en la sociedad española ante el momento histórico que vivía: el absolutismo de los Habsburgos, la contrarreforma, la santa inquisición y el desarrollo del protestantismo entre otras tantas, llevó a la sociedad española a ser cada vez más cerrada, todo esto dio origen a la aparición del género picaresco como una crítica moral contra las imposiciones sociales; la figura del pícaro es la irreverencia, el desafío al orden establecido, a la autoridad y a todo aquello que represente, poder, formalidad o control”.
Se plantea, entonces, el surgimiento de un mecanismo de adaptación por parte de la sociedad española a la rigidez de la sociedad medieval: el cristiano puro era el único que tenía el derecho de ascenso social, el resto de las clases sociales (moros y judíos) eran discriminados. De allí, entonces, que muchos españoles que no podían comprobar su pureza de sangre (requisito indispensable para ser considerado ciudadano español de primera clase) buscaron mecanismos para poder tener un puesto en la sociedad española. En consecuencia, se fomentó el individualismo y el incumplimiento de las normas: se empezó a gestar el pícaro como lo conocemos.
Máscara y sombra
Axel Capriles hace referencia al concepto de persona o máscara de la psicología analítica, como ese mecanismo de adaptación que utilizan los seres humanos para establecer la relación del yo con el contexto social. Según C.G. Jung: “fundamentalmente la persona no es real, es un compromiso entre el individuo y la sociedad sobre lo que el hombre debe aparentar ser”. Esto “facilita la realización de actividades y la posibilidad de mantener diferentes roles, es un componente de la psique colectiva, del yo consciente”. Cuando los rasgos de la personalidad no convergen conlos ideales conscientes, estos son reprimidos y se alojan en el inconsciente acumulándose y creando la denominada sombra, segundo concepto que maneja el autor en el capítulo.
Este último es la posición contraria a la consciencia, la sombra colectiva “es lo no aceptado, lo no vivido y poco valorado por la sociedad”. Bajo esta premisa, Axel Capriles relaciona estos términos de la psicología analítica con las características de la sociedad española expresadas anteriormente y ubica el concepto de sombra con el arquetipo del pícaro: las personas que se consideraban nobles (máscara) cometían actos ilegales(sombra) para lograr sus objetivos personales.
Relacionando los términos ya citados y los géneros literarios de Caballería y la narrativa picaresca, establece que “la sombra, en el caso del pícaro, sería la figura del héroe”. En una sociedad española medieval donde no podían existir más que hidalgos o pordioseros, extremos de un sistema de clases sociales que fue llevando a la desaparición de la burguesía, las clases intermedias fueron obligadas a sobrevivir como ladrones, pícaros o emigrantes (muchos de ellos lo hicieron a Venezuela).
En el V capítulo “El significado de la picaresca para América” se hace referencia a la influencia que tuvieron estos emigrantes españoles sobre las nuevas clases sociales que se establecían en las colonias de ultramar.“Si América fue conquistada por los peninsulares, es natural que los mismos determinantes psíquicos siguieran activos y se hicieran sentir en la conformación del nuevo mundo. La mayoría de los emigrantes a los dominios de ultramar fueran hidalgos empobrecidos, segundones, plebeyos, antiguos guerreros y mercenarios sin empleo, todos en busca de fortuna y gloria”. La emigración se presentaba como la oportunidad de ascender en la nueva escala social que se formaría en los nuevos territorios conquistados.
La novela picaresca tuvo también una gran demanda en las colonias de ultramar por su capacidad para sintetizar y sacar a la luz los problemas que interesaban a todos y por haber servido como símbolo para expresar los principales rasgos y conflictos de la psicología colectiva de la época. “El nuevo escenario libre de restricciones fue el propicio para que el arquetipo del pícaro adquiriera un rol protagónico en la organización mental, para dar forma a un modelo de vida alimentado por la viveza y la astucia, características estas que prevalecen hasta nuestros días en Venezuela”
. El autor plantea que la sombra, en Venezuela,trabaja a nivel consciente, por lo que la cultura de la viveza resulta ser un orgullo para los venezolanos. “No hay peor estigma social que ser tomado por cándido e ingenuo, presa fácil del pájaro bravo”.
En Venezuela el pícaro, más que un complejo inconsciente, es un componente importante de la máscara o persona, una herramienta necesaria para la supervivencia y la adaptación social.
La sombra se hace presente a través del mecanismo de la proyección, la cuál convierte a la persona y las cosas en dobles de nosotros mismos. Esto es lo que hicieron los conquistadores en el nuevo mundo.
En la sombra del venezolano existe el rechazo a la norma y el gusto por lo ilegal, el individualismo anárquico, el desorden, la informalidad, la trampa. “Estas actitudes que se manifiestan a través del mecanismo de la proyección, conducen a la sensación de libertad que desea vivir el venezolano ante la burocracia con la que vive en su día a día, es un mecanismo de resistencia pasiva, una manera de sobrevivir”, señala Axel.
“Pícaros y pícaras han existido siempre y en todo lugar; es un sesgo de la cultura que promueve el festejo y el aplauso de la trampa y el ardid… tener que cumplir las normas y ser como todo el mundo es un síntoma del bobalicón.”
Ante este recuento histórico, donde se demuestran los orígenes de la figura del pícaro en tierras españolas y luego venezolanas, cabe preguntarse si la picardía es una conducta aprendida de nuestros antecesores españoles?.
La picardía ¿Una conducta aprendida de nuestros antecesores españoles?
Para poder establecer una relación que permita explicar a través del aprendizaje si la conducta pícara del venezolano se debe a los antecesores españoles, primero debemos explicar un poco de la teoría del aprendizaje, enfocándonos más en el tipo de aprendizaje observacional o de imitación.
El aprendizaje es conocido como ¨ Serie de cambios en la conducta debidos a la experiencia y producidos a través del establecimiento de asociaciones entre estímulos y respuestas mediante la práctica en un nivel elemental. Es relativamente permanente ¨. Los cambios en la conducta se refiere tanto a las que se modifican como las que se adquieren por primera vez, y aquellos cambios que son relativamente más estables se deben a que estos se almacenan en la memoria a largo plazo y del uso que se le da para luego afianzarse, en cuanto a que se da a través de la experiencia, es porque los cambios de comportamiento son producto de la práctica o entrenamiento. La asociaciones estímulo y respuesta se crean con la aplicación de castigos o recompensa, como también tiene parte importante el rol del pensamiento y la cognición, siguiendo la teoría inicial de Pavlov que explica la existencia de estímulos condicionados e incondicionados: ¨ Un estimulo previamente neutro evoca una respuesta, estableciendo asociación con otro estímulo que produce una respuesta por vía natural ¨. Por su parte, Thorndike explica ¨ Las respuestas satisfactorias tienen mayor probabilidad de repetirse ¨, siguiendo los preceptos del condicionamiento operante: ¨ Una respuesta voluntaria se fortalece o debilita por sus consecuencias positivas o negativas para producir un resultado especifico ¨, estas consecuencias positivas o negativas son conocidas reforzadores, los cuales son conocidos como cualquier estimulo con capacidad de aumentar la probabilidad de la conducta. Todas estas acciones implican que las personas están en constante interacción con el ambiente o el entorno determinando su aprendizaje, en conjunto con las funciones básicas mentales que se originan en el cerebro, es decir, una adecuada conexión neuronal posibilita la adquisición de un número ilimitado de aprendizaje. Es por esto que podemos concluir que el aprendizaje es una de las funciones mentales más importantes del ser humano, animales, incluyendo también, máquinas artificiales.
Al ser el motivo de nuestro estudio explicar si la conducta del venezolano se parece o se debe a la del español, vamos a ahondar ahora en el aprendizaje observacional o por imitación, aislándo de una relación con algún tipo de aprendizaje por ensayo o error.
Este tipo de aprendizaje permite la adquisición de habilidades tales como retórica, cirugía, destrezas mecánicas a través de la relación con el entorno social, por lo que Bandura define así:
“El aprendizaje es con mucho una actividad de procesamiento de información en la que los datos acerca de la estructura de la conducta y de los acontecimientos del entorno se transforman en representaciones simbólicas que sirven como lineamientos para la acción”.
Por lo tanto, el aprendizaje social es aquel en se adquieren nuevas conductas por medio de la observación de modelos¨, entendiendo como modelos a la/las personas que al ser observadas, si su conducta es recompensada, tenderán a ser reproducidas por otros, así como si fuera su propia experiencia en otras circunstancias. Los modelos pueden enseñar a los observadores como comportarse ante una variedad de situaciones por medio de autoinstrucción, imaginación guiada, autorreforzamiento por lograr ciertos objetivos y otras habilidades de autorrelación. De igual manera Bandura acepta que los humanos adquieren destrezas y conductas de modo operante e instrumental, rechazando así que nuestros aprendizajes se realicen, según el modelo conductista. Pone de relieve como entre la observación y la imitación intervienen factores cognitivos que ayudan al sujeto a decidir si lo observado se imita o no, también que mediante un modelo social significativo se adquiere una conducta que si empleando solamente el aprendizaje operante.
Feldman describe en su libro ¨ Psicología con aplicaciones a países de habla hispana ¨ 4 pasos en los que produce este tipo de aprendizaje: 1 atención y percepción de las características más importantes de otra persona (modelo). 2. recordar la conductaobservada, lo que requiere codificar y transformar la información modelada para almacenarla en la memoria.3. reproducir la acción, consiste en traducir las concepciones visuales y simbólicas de los sucesos modelados en conductas abiertas. 4 motivaciones para ejecutar la conducta, siendo este punto muy importante, ya que según la corriente cognoscitiva social, observar modelos no garantiza el aprendizaje ni la capacidad para exhibir más tarde las conductas, sino que cumple funciones de información y motivación: comunica la probabilidad de las consecuencias los actos y modifica el grado de motivación de los observadores para actuar del mismo modo. Lo importante de esto son las consecuencias de la conducta pues los modelos exitosos tienen mayor probabilidad de ser ejecutados ya que los castigos generan conductas de evitación con menores posibilidades de ejecutarlo.
Aparte de la teoría del aprendizaje social de Albert Bandura, Julian b. Rotter profundiza un poco más el tema del aprendizaje y el modelamiento. Dice que la conducta depende de la percepción, expectativa, el valor de reforzamiento y directamente de la conducta del individuo. Si se produce un cambio de conducta, se pueden ver afectados estos elementos. La expectativa se construye con base en experiencias pasadas que pueden generar una consecuencia satisfactoria o insatisfactoria; es decir que, cuando una persona, se le presenta una situación similar a la que ha vivido en el pasado, espera que le suceda lo mismo que ocurrió en esa ocasión; por consiguiente su libertad de movimientose ve restringida y la expectativa se refuerza cada vez que el sujeto obtiene la misma consecuencia.
Bibliografía
• Axel Capriles: ¨La picardía del Venezolano o el triunfo de Tio Conejo¨
• Robert S Feldman: Psicología con aplicaciones a los países de habla hispana¨
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