Pistas
Ella estaba buscando despejar su mente y decidió ir a caminar por el inmenso y variado jardín que está detrás de su casa de campo. Giró con mucha pesadez el pomo de la puerta, lo sentía arder bajo su palma, pero sabía que no era culpa del objeto de madera sino de su propio disgusto. Terminó de abrir la puerta de la terraza y, sin soltar la puerta, cerró los ojos. Decidió que era momento de escupir todo lo que sentía, de por última vez obedecer a lo más despreocupado e irracional de su ser y explorar el desahogo que ha evitado por tanto tiempo. Así que inspiro una gran bocanada de aire, casi hasta no poder más y llenó cada esquina de su cuerpo, mente y espíritu. Esperó unos segundos en los que su cuerpo le exigía liberarse de una vez de la tensión, disfrutó de tener el control y, cuando se dio cuenta de que había llegado el momento de gritar y expulsar todo aquello que durante eternas horas la mantuvo inmersa en un mundo que no era el de ella, lloró.
Lo hizo por largas horas, de nuevo exprimiendo su cuerpo al máximo. Estaba triste, pero como disfrutaba de estar en contacto con cada una de sus emociones. Probablemente reconocía pocas de ellas, pero allí estaban, para acompañarla.
Quería respuestas y las quería ya. Qué cansada estaba de no llegar a ningún lado, de no entender ni obedecer ninguna de sus resoluciones, de listar pros y contras, pero sobre todo de no saber decidir, cual princesa de cuento, a quién escuchar: su mente o su corazón. En un mundo perfecto no lo hacía porque ese amor decidía por ella y allí estaba el problema, el mundo perfecto.
Si en algo pasaba el tiempo era soñando. Despierta o no, lo hacía y lo disfrutaba, pues sólo allí era feliz. Ella le daba tanta importancia a los limites de su imaginación como a los de su realidad, y en esa fantasía vivía y se llenaba de experiencias gratificantes que la acercaban más y más a lo que quería. Cuando imaginaba no había en ella dudas ni temores, sólo caminos fáciles que a la vez la hacían más inexperta al momento de interactuar con lo que sí existe, con lo que no puede controlar. En ese mundo estaba alguien, dibujado sin rostro, nada lo definía por mas de 5 minutos pues ella, cual títere, la modificaba a su gusto.
De repente surgió un rostro. Sabía que había dejado de soñar y esto fue lo que la hizo rabiar y descontrolarse. ¿Cuándo lo empezó a tomar en cuenta? ¿Cómo se le ocurrió salir de su zona segura y permitirle entrar a su vida de nuevo?. En el mismo momento en el que tuvo que dejar de soñar y enfrentarse a la realidad. Y lo hizo sin chistar, sólo que, acostumbrada a finales felices, nunca previó que esto podría salir mal. Pero muy mal.
Continuará.

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