Te aviso, te anuncio
¿Qué pasaría si antes de que las personas entren a nuestra vida nos llegara una solicitud?
Sí, como una solicitud de amistad o de empleo.
Imaginen un paquete, puede ser digital o físico, dependiendo de que tan románticos se sientan estos días.
Sobre el paquete viene un sobre que contiene una carta que presenta una foto de perfil de la persona en cuestión, señalando solamente sus intenciones: amistad, noviazgo, posible noviazgo, sexo casual, casamiento, casamiento con divorcio, fuck buddies, enemigo, mejor amigo, hermano etc.
Abrimos el paquete y encontramos un primer documento con una descripción detallada de esa persona: nombre, edad, pasatiempo, gustos, fotos (las de antes y después son indispensables), árbol familiar, usuarios en redes sociales, amigos, exes, religión, estudios, filosofía de vida, tendencia política, (yo no incluyo gustos deportivos o datos económicos porque tiende a no interesarme, pero si eso es importante para ustedes, pues sus números en banco y propiedades), en fin, todo lo que crean necesario.
Junto al documento viene una memoria USB (qué bueno porque necesitaba un pendrive nuevo), lo conectas a la computadora y encuentras una carpeta llena de fotos, capturas de pantalla y videos. Cada uno viene acompañado de descripciones de todo lo que nos espera junto a esta nueva persona: primeras conversaciones, desacuerdos, salidas, viajes, sexting, risas, reuniones, discusiones, encuentros sexuales, amigos en común, empaches estomacales, borracheras, etc.
Y por último, al final del paquete encontramos en un sobre tamaño carta muy formal y arregladito, un contrato que especifica la fecha en la que conoceremos a dicha persona, el tiempo que estará en nuestras vidas, cada una de las cosas que aceptamos al firmar (incluyendo haber leído todo lo anterior), las cosas que ganaremos y perderemos junto a esta persona y, para finalizar, un espacio para decir si aceptamos o no recibirla. Y allí es cuando leemos la clausula más importante:
“Al aceptar o rechazar a esta persona en su vida usted olvidará por completo haberlo hecho. El solicitante tampoco sabrá su decisión. Acordando que ambos seguirán su vida como si nadie recibió esta solicitud.”
Mierda, ¿cuántas veces habré hecho esto antes? Esa sería definitivamente mi primera pregunta.
Luego viene el espacio de la firma para formalizar la decisión.
Esto nos regresa a la pregunta del principio “¿Qué pasaría si antes de que las personas entren a nuestra vida nos llegara una solicitud?”. La verdad es que lo hacemos todos los días, aceptando a diferentes conocidos y desconocidos en redes sociales. Pero no sabemos que importancia tendrán en nuestra vida.
Piensa en aquellos con los que has vivido y tenido miles de experiencias. No te limites, piensa en todos. Seguramente las relaciones amorosas son las primeras que te vienen a la cabeza porque son las que muchas veces nos movilizan más. O las que tuviste con ciertas personas que te hicieron tomar decisiones que afectaron por completo tu forma de ser o actuar. Haz una lista si prefieres. Y dime, ¿las aceptarías?.
Sí, es cierto. Dicen por ahí que tenemos que vivir experiencias positivas y negativas para formarnos y “crecer como personas”, pero joder, y si hubieses evitado conocer a ese HDP que te robó tus ahorros en dolares, tal vez esa amiga que te dejó caer la plancha caliente y te dejó una marca por siempre en la nalga (adiós bikinis), esa persona que amas y por la que tienes la cabeza inflada como popcorn porque sabes que nunca van a poder estar juntos o un gran amor que solo duraría una semana.
¿La/Lo hubieses aceptado?
¿Qué tan enamorad@ o solo estás para decir que sí “no matter what“?
¿Qué tanto te falta por aprender para decir sí, que venga este jefe imbécil a mi vida”
¿Qué tanto te cuesta enfrentarte a tus miedos para decirle que no a alguien?
Creo que hay muchas personas por las que firmaría así solo fuese por un día.
Pero ese soy yo. Y soy un unicornio.
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